3 de junio

Hemos empleado Grindr mucho en nuestro viaje victoriano: es un estilo muy efectivo para conociendo las personas gais en un pueblo del campo y una oportunidad para preguntar como tolerante cada pueblo es. A veces alguien amigable se vuelve nuestro guía para su pueblo. En Warrnambool esa persona es Dean, inusual en un pueblito por su edad. La mayoría de la gente aquí es muy joven, antes puede salir para la ciudad, o más viejo, cuando está lista para una manera de la vida más tranquila. Dean tiene los veinte, y una energía juvenil que domina las fiestas semanales gay en Warrnambool. Ofreció exponer el paisaje a nosotros, y el domingo nos condujo a Puerto Hada, un pueblo turístico muy cerca. Caminamos por una calzada a una isla pequeña: dos padres estuvieron allí también con su hijo pequeño. El niño estaba en un coche a control remoto; él agarraba los lados con ambas manos mientras los adultos se conducían y hacían las fotos. Detrás las dunas y las plantas resistentes de la playa estaba un faro pequeño y perfecto; Dean le encanta Pokémon Go y encontró algunos Pokémon allí. Después visitamos Cerro del Torre, un volcán extinto. Estaba rodeado de un lago, con muchos patos y emús. Era un paisaje reparado: en el centro turístico eran fotos de las cuestas desbrozadas para el pastoreo. De la cima de volcán se podía ver el éxito de los ganaderos: nada más que los campos verdes abiertos, del mar al horizonte de la tierra adentro.

4 de junio

Ayer necesitamos
un día hermoso,
un rayo de la esperanza, del acuerdo,
y finalmente
un llegó –

un faro pequeño, perfecto,
al final de
un camino modesto
de la piedra negra. Lo no era
la respuesta
a una cuestión grave
de nuestras vidas;
no era un símbolo o un signo.

Era solamente
un faro, solo,
de rayas rojas y blancas,
un panel solar
sostenido a su cara
como un espejo
de papel de aluminio.

Lo vimos juntos,
en el mismo momento,
después un mes
de nuestros discordantes deseos,
lenguas
sin un traductor.

Allí, en el otro lado
de la isla,
entre el mar azul
y un mar de la hierba,
estuvimos de acuerdo
una vez más;
vimos el faro.

6 de junio

Fuimos a la fiesta semanal gay de Warrnambool con alguna trepidación: eso grupo amigable parecían tanto entusiasmado cuando habíamos dicho a ellos que estábamos considerando su pueblo como un hogar que teníamos miedo a decepcionando a ellos. Pero ellos perdonaron a nosotros para eligiendo Ballarat. Su regalo de bienvenida se volvió un regalo de despedida: de Murray, unos de los conservadores, el catálogo del Museo del Arte; de Dean, quien trabaja en un banco, bolígrafos con el logotipo del banco. Me encantó su aceptación rápida de nosotros, la manera que sentábamos con ellos en la ventana del pub irlandés, en un reservado cómodo, como si estuviéramos amigos antiguos. Warrnambool es más pequeño que Ballarat, y se puede sentir la diferencia en las calles y tiendas; el tráfico tranquilo y la gente con todas las virtudes del campo – el interés amigable en los desconocidos, la falta de la pretensión. Alguien describía Ballarat como “un barrio de Melbourne,” y tenía razón: es una ciudad pequeña, más concurrida y quizás menos personal.

16 de junio

El tema de nuestra boda era “una Navidad en Mirboo North,” y me desperté muy temprano, como un niño impaciente para sus regalos. Senté con mi libro en el silencio breve, pensando sobre como extraño es habitar el tiempo real de un evento importante, después de tanta anticipación. Las preparaciones eran tranquilas. Anne y yo nos turnamos en la cocina; hice una sopa de tomate y Anne hizo pollo y su ensalada de patatas famosa. Tuvimos la ceremonia en el salón, con unos pocos seres queridos. Cuando Ben y yo estuvimos de pie juntos, Wombat se sentó en el piso entre nosotros, y quedó allí por la ceremonia entera, afirmando su lugar en nuestra familia. (Bilby adora a mi madrastra Gail, y ella apenas salía su regazo.) Habíamos comprado los anillos demasiado tarde, y así que dibujamos anillos con un marcador. Lo era la idea original de Ben, y lo prefiero que los anillos de oro: era un truco mágico como su arte y mi escritura. Empujamos tres mesas juntas para la cena. No había los discursos o aspaviento, ninguno del circo de tantas bodas. Era la noche del juego entre Australia y Francia: algunos de los hombres empezaron a mirar el fútbol en un iPad, en una esquina del cuarto, y gradualmente lo se volvió el centro, con hurras ruidosas para nuestro solo gol. Era un día perfecto, cariñoso y informal.

20 de junio

Anoche vi la nueva obra de Hannah Gadsby, y me ha dado mucho para reflexionar. Me gustó su frase, “Se aprende de la parte de la historia se focaliza la atención en,” y la opinión de ella que una broma es una historia incompleta, sin un final, con las complicaciones y el contexto eliminado. Estoy pensado mucho sobre el papel del humor en mi propia escritura: a veces lo empleo para esquivar la emoción, o para lastimar la gente quien me ha herido. Las descripciones que pensé eran catálogos tolerantes de sus pequeñas rarezas eran más bien la propensión que ver el peor en todo. Mi actitud ha sido demasiado a menudo quejoso, una reacción a los insultos de la vida, mi enfado llevando un traje del payaso. Mi ironía realmente ha sido un sentido de la superioridad. Espero que me volveré un artista diferente, con historias mas completas. Debo reconocer mi buena suerte – el amor de mi marido, y mi libertad increíble para viajar y aprender – y intentar a reconocer el mejor en otras personas también. Quiero crear nuevos hábitos en mi nueva lengua, y encontrar un nuevo modo de la visión, y un corazón más generoso. Me pregunto como Gadsby resolverá su dilema, cual estilo empleará para contar historias enteras y más honestas.

21 de junio

Por seis meses, hemos vivido en el camino, con solo esas cosas podemos hacer caber en nuestro coche. No hemos necesitado mucho, y me encanta el sentido de la ligereza y movilidad. Era muy extraño a volvía al garaje en las Montañas Azules, lleno de los muebles viejos y una montaña de los cartones. Yo no los había extrañado; son una irrelevancia y una carga. Es sorpresivo como rápido Blackheath se ha vuelto una vida otra. Las mudanzas eran muy tardes, y nuestros amigos Taryn y Bill esperaron conmigo por la tarde entera. Sacamos un sofá de mimbre fuera del garaje, y nos sentamos en la entrada, en el sol del invierno. Más tarde compraron kebabs y patatas fritas, y tuvimos un picnic con un cartón como nuestra mesa. Era una acción de la amistad muy práctica; un inconveniente se volvió a una oportunidad para pasar el rato. Era el día más corto del año, y las mudanzas llegaron al anochecer. Ellos empacaron el camión en el resplandor de los focos delanteros.